sábado, 12 de noviembre de 2016

ESTADO DE ÁNIMO, CONCEPTO DEL "YO" Y AMBICIONES

Xandró, M. (1991). LOS ESTADOS COMPLEMENTARIOS. En: Grafología Superior, 2nd ed. Barcelona: Herder, pp. 474 - 480.

El intelecto y el estado de ánimo. Muchos les atribuirían la categoría de sinónimos, lo que no se tiene en cuenta, es lo opuestos y ambiguos que son estos términos, pues a pesar de que uno puede complementar de algún modo al otro y viceversa, en el proceso de estudio grafológico se puede llegar a un contraste casi de dos polaridades. Las emociones, pueden influir en la forma en la cual pensamos, razonamos y formamos una idea; el nivel intelectual por su lado, puede influir considerablemente en qué actitud se toma ante la vida. Para llegar a un análisis completo, se deben concatenar dichos puntos de referencia para sacar una conclusión final, lo cual lleva a inferir qué quiere el autor, cómo se ve a sí mismo y qué posición tiene ante la vida.

El investigador y pionero grafológico Mauricio Xandró, a través de su libro “Grafología superior” brinda la teoría a saber necesaria para el análisis de aspectos de la personalidad de un autor a través de sus textos o grafos. En el capítulo nombrado originalmente “Los Detalles Complementarios” brinda las bases para un análisis en cuanto al estado de ánimo, el autoconcepto y el estudio de las ambiciones. Aspectos necesarios al momento de realizar una investigación que tiene como objeto una nota suicida, pues se pretende desnudar las emociones y los actos implícitos en la escena de los hechos. Por motivos afines se parte para tomar apartados de este texto como referencia. 

Se define al estado de ánimo no como un ente aislado, sino como un conjunto de características propias las cuales definen la disposición ante la vida. Este se ve compuesto por rasgos emocionales los cuales determinan tu posición. Partiendo del análisis grafológico se puede determinar esta u otra postura. El autor las clasifica en dos: el optimismo y el pesimismo (que se toman como una característica propia del humor).

Una persona optimista es característica por sus ascensos en la escritura, más aún, en las líneas. Pero, también hay que tener en cuenta si el trazado es firme, bien presionado y bien trazado, pues estos son reflejos propios del optimismo. La firma tiene gran importancia, pues es un signo característico de toda persona y, cuando se realiza, se pone todo de sí mismo en ello. Cuando la firma asciende, así las líneas desciendan, se tiene un signo claro de una muy buena disposición ante la vida, corrobora la esperanza de victoria y triunfo. 

Las señales que denotan optimismo son: el trazado firme y bien hecho, líneas suben al final, imbricada en ascendente y el ascenso súbito. Si la firma, por su parte, es ascendente y con líneas descendentes, se corrobora el estado de ánimo con el que cuenta el autor. 
Para identificar un estado pesimista se debe llegar a un análisis en donde se tengan en cuenta las características de escritura opuestas a las del optimismo. En este, tanto las líneas como la firma son descendentes. El trazado es débil, se tienen formas mal hechas, las líneas caen al final, las imbricadas son en descendente y se cuenta con un descenso súbito. 

Se deja esto de lado para comenzar a brindarle importancia al análisis del autoconcepto, que es mostrado también como un aspecto muy importante, pues a través de la autovaloración se pueden detectar los sentimientos de inferioridad y las causas y estado de la humana evolución. Son todas aquellas compensaciones y aspectos que guardan relación con la valoración de una persona en sí misma. 

El autor divide dichas valoraciones y disposiciones en cuatro. La primera es la sencillez, la cual en el modo de escritura se caracteriza por mayúsculas de tamaño normal (en la dimensión mínima admitida o ligeramente inferior), sencillez en las formas de las mayúsculas, escritura de trazado rebajado, las letras de la firma son de igual o de menor tamaño que el texto de la carta, señales de espontaneidad, letras de tamaño normal o pequeño, mayúsculas unidas a las minúsculas siguientes, margen superior o inicial dentro de la norma o ligeramente menor, escritura inclinada a la derecha y firma próxima al texto de la carta.

Otro ítem que se toca en el autoconcepto es la vanidad, la cual a través del escrito se caracteriza por: gran tamaño de mayúsculas con relación a las minúsculas; las mayúsculas infladas o hinchadas sin gracia. Todo tipo de ornamentaciones torpes y ampulosas, firma subrayando el nombre, firma muy enrevesada y complicada (deseos de aumentar la propia talla o estatura psíquica), arcadas en la zona superior (exhibicionismo), formas en las que preside la chabacanería, artificiosidad y preocupación excesiva de las formas gráficas (se busca lo superfluo, la apariencia). 

También se habla del orgullo, lo cual se define como la importancia que se da una persona a sí misma y al reconocimiento de sus méritos. Gráficamente se caracteriza por: escritura sobrealzada, mayúsculas superiores a la norma en cuanto a altura con respecto a las minúsculas, "t" con barra alta o por sobre la cresta, mayúsculas separadas de las minúsculas, margen superior-inicial grande, firma de letras mayores que las del texto, letras de tamaño grande, firma que se aleja del texto y la escritura recta o invertida.

Ahora se pretende identificar el sentimiento de inferioridad, el cual se caracteriza por: Letra de la firma de menos tamaño que el texto de la carta, "M" con primer arco menor que los siguientes, firma ilegible, minúsculas pequeñas o bajas, mayúsculas de tamaño desigual, rúbrica envolvente grande y con subrayado (mayor que el texto de la firma), mayúsculas exageradas. Así como los rasgos de vanidad, la escritura extraña, caligráfica, tipográfica y artificiosa. Teniendo esto claro, para el análisis del sentimiento de inferioridad se tienen en cuenta los aspectos opuestos a los que se acaban de describir (o por lo menos, la mayoría). 

También se da paso al estudio de las ambiciones; siendo de carácter noble, desmedido o negativo. A este análisis se llega a partir de la comparación de la firma con el texto en cuanto a tamaño, rúbrica, diseño o dirección (ascendente/descendente, escritura clara y legible o lo contrario, etc).

Escribir es nuestro símbolo, tanto intelectual como emocional. Se llega a la conclusión de que uno es determinante del otro, influye en el otro y estos aspectos nos identifican y representan en cada texto o grafo de nuestra autoría. Muchas veces el secreto tras las apariencias las guardan las letras o la disposición de una firma. Adquiriendo el conocimiento de la materia podemos llegar al trasfondo de cualquier personalidad, siendo así la grafología el mejor ámbito de estudio para dichas finalidades.




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